La suspensión del ramal Tigre de la línea Mitre, que se extenderá hasta febrero, volvió a generar fuertes complicaciones para miles de vecinos del Conurbano bonaerense norte que utilizan el tren a diario para trasladarse hacia la Ciudad de Buenos Aires. La interrupción del servicio se debe a obras de infraestructura y seguridad ferroviaria, pero el impacto en la movilidad cotidiana es significativo y se siente con fuerza en toda la región.
Desde el inicio de los trabajos, pasajeros de Tigre, San Fernando, San Isidro y Vicente López se ven obligados a recurrir a colectivos o combinaciones alternativas, que implican viajes más largos, mayores costos y mayor congestión vial. En horas pico, las paradas de colectivos y los accesos a la Capital muestran una sobrecarga evidente, afectando especialmente a trabajadores y estudiantes.
La falta del servicio ferroviario también golpea de lleno al turismo en Tigre, uno de los destinos más visitados del Área Metropolitana. Comerciantes y prestadores advierten una merma en la llegada de visitantes al Puerto de Frutos, el Parque de la Costa, y a las actividades recreativas y gastronómicas. A esto se suma la caída en las estadías y paseos por el Delta, donde muchos turistas dependen del tren como principal vía de acceso desde la Ciudad de Buenos Aires.
Si bien desde Trenes Argentinos indicaron que las obras son necesarias para mejorar la seguridad y la calidad del servicio a futuro, usuarios y actores del sector turístico reclaman mejor planificación, refuerzos en el transporte alternativo y campañas de información claras. Mientras se espera la reanudación del ramal hacia febrero, crece el malestar social y la preocupación por el impacto económico que la suspensión genera en una de las principales economías turísticas de la zona norte.














