El estadio de Victoria fue testigo de una batalla épica, donde Tigre, con el alma de un guerrero, derrotó a un Racing alternativo que vio escapar entre sus manos la oportunidad de alcanzar la cima del torneo Apertura. La hazaña comenzó de forma vertiginosa, en el primer suspiro del partido, cuando Jabes Saralegui, con sangre fría y precisión milimétrica, ajustó el balón a la esquina baja del arco de Facundo Cambeses. El gol, a tan solo tres minutos de juego, fue un golpe certero que dejó a la Academia tambaleando.
Racing, que llegaba con varias bajas y una alineación repleta de suplentes, se vio desbordado desde el arranque. Sin la chispa y el ímpetu de sus titulares, el equipo de Gustavo Costas parecía perdido en un mar de incertidumbre. La estrategia de 5-3-2 que intentó implementar fue un espejismo; la defensa estaba desbordada, y el mediocampo no tenía la fluidez necesaria para ordenar las acciones. La posesión de balón, que alcanzó un imponente 63% para Racing en el primer tiempo, resultó ser solo una estadística vacía. Los de Avellaneda, dominadores del esférico, no lograban traducir esa posesión en ocasiones claras de gol. Su único disparo al arco llegó al borde del descanso, con un intento tímido de Baltasar Rodríguez.
El tiempo pasaba y la visita, lejos de encontrar soluciones, veía cómo Tigre se asentaba en su terreno. Los de Diego Dabove, con una defensa férrea encabezada por Laso y Paz, y una lucha incansable en el medio campo por parte de los juveniles Santiago González y Lorenzo Scipioni, manejaban el partido a su antojo. Tigre, que se había adelantado en el marcador, optó por replegarse, esperando el contraataque. Y casi lo consigue, ya que un cabezazo potente de Ignacio Russo estuvo a punto de sentenciar el destino de Racing, pero Cambeses, en una de sus pocas intervenciones destacadas, se estiró para evitar el segundo tanto.
La segunda mitad fue un calco de la primera, con un Racing que no lograba encontrar la llave para abrir la defensa local. A pesar de los esfuerzos tardíos de Costas por cambiar el rumbo con los ingresos de los titulares, la Academia nunca estuvo cerca de inquietar realmente a Tigre. Los minutos pasaban y la desesperación crecía, mientras los suplentes de Racing no lograban aportar la chispa que tanto necesitaban. Solo el arquero Cambeses salió con algo de honor, evitando que la diferencia fuera mayor.
La última jugada digna de mención llegó al final del partido, cuando el recién ingresado Vietto, con un cabezazo sin fuerza, trató de acercar a Racing, pero Tigre, con el corazón en la mano y un espíritu inquebrantable, defendió su victoria con uñas y dientes.
El pitazo final resonó como un eco de justicia. Tigre, con un planteo sólido, inteligente y un sacrificio colectivo digno de los grandes, se llevó tres puntos fundamentales, mientras que Racing se quedó con las manos vacías y la amarga sensación de que la falta de ideas y la rotación de jugadores les habían costado demasiado caro.
Tigre sigue adelante, demostrando que con coraje y alma de león, cualquier rival puede ser derrotado. Y Racing, a pesar de haber dominado la posesión, se fue de Victoria con la cabeza gacha, consciente de que, a veces, la pelota no es suficiente.