Tensiones en el corazón del Gobierno: el Triángulo de Hierro redefine su equilibrio

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El núcleo de poder más cerrado del gobierno de Javier Milei, conocido como el “Triángulo de Hierro”, atraviesa su momento más complejo desde la salida de Nicolás Posse. Integrado por el propio Presidente, su hermana Karina Milei y el asesor Santiago Caputo, ese tridente funcionó como pilar de confianza y toma de decisiones. Sin embargo, las tensiones internas y el proceso electoral en marcha están modificando la dinámica y poniendo a prueba su solidez.

Desde que Milei lo definió públicamente como el grupo intocable de su gestión, Karina asumió el control del partido La Libertad Avanza y Caputo se quedó con la administración política. Esa división funcionó hasta que la estrategia electoral empezó a tensar los límites: diferencias con el vicepresidente partidario Martín Menem y Eduardo “Lule” Menem llevaron a Caputo a retirarse de la mesa donde se diseñan las listas, lo que profundizó la distancia con el ala más cercana a la hermana del Presidente.

Reconfiguración interna y el rol de Francos

En este contexto, el jefe de Gabinete Guillermo Francos comenzó a adquirir protagonismo como una figura que equilibra las tensiones entre las dos principales corrientes del oficialismo. Su estilo operativo y su rol como interlocutor con la política tradicional le valieron el respaldo de Milei, quien lo elogió públicamente como “el mejor jefe de Gabinete de la historia”. Aunque informalmente, algunos ya lo mencionan como el cuarto vértice de ese triángulo presidencial.

Francos es visto como una figura moderadora que garantiza estabilidad sin interferir en la puja de poder. Representa al Ejecutivo en medios que el propio Presidente evita, mantiene diálogo con actores políticos diversos y mantiene una presencia estratégica en la gestión diaria.

Milei busca sostener el equilibrio

A pesar de las disputas entre las áreas partidarias y políticas, el Presidente evita tomar partido y mantiene su respaldo tanto a su hermana como a Caputo. Su decisión de no intervenir en algunos cierres de listas fue interpretada como un respaldo tácito al liderazgo político de Karina, mientras que mantiene a Caputo como pieza clave en la estrategia de comunicación y diseño de candidaturas.

Aunque las diferencias internas no han roto el esquema original, el “Triángulo de Hierro” enfrenta un reacomodamiento forzado por el calendario electoral. En ese proceso, la figura de Francos aparece como clave para evitar fracturas mayores. El desafío será sostener esa cohesión de cara a octubre, cuando los resultados electorales podrían redefinir no solo la fuerza parlamentaria del Gobierno, sino también su mapa de poder interno.

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